Pensamiento intrusivo n. III

Los párpados se despliegan con una garra pegada a las costillas

y esas uñas pesan más que nunca

y respirar se transforma en una suerte de fortuna,

cara o cruz y nunca escojo,

el metal alcanza el suelo.

Sonido de ruptura, paso atrás.

Me pregunto si saldré de aquí algún día.

Me pregunto si podré dispararme

sin sufrir el retroceso.

Pensamiento intrusivo n. II

Me dijo “eres maravillosa y eso lo pensaré siempre”,

y cometí el error de creerlo.

Como tras cada conjugación del verbo querer,

tendría que haber preguntado para qué.

“¿Maravillosa para un rato?”

Y haberme indignado ante ese silencio indignado

y haber salido corriendo, indignada frente a tanta indignación.

Cada vez me duele menos y siento el recuerdo más ligero:

ya el corazón apenas late a doble tempo y,

si lo hace,

dibuja con la frecuencia cardiaca una nueva forma de escape

a la que ojalá pudiese llamar arte siempre.

minúscula/s

no hay espada ni pared,

solo neblina y borrón y pasado y futuro,

sobran motivos y faltan dos caras para crear un

habitáculo

habitable.

ninguna de ellas es nunca la mía.

ya no sé sentir ni pensar ni escribir sobre amor,

porque de alguna forma que no podría explicar

me enamoré hasta los huesos del concepto de una sombra

sin haber explorado sus relieves

y jamás lo sabrá porque jamás se lo dije.

los blancos y los negros absolutos hicieron el resto.

¿hay algo más triste?

ahora solo soy fantasma que lucha contra fantasmas,

vagabundo, errante, imbécil,

hoy todas me dais igual, mañana todo me importa demasiado,

me duele que me conozcan pero no me reconozcan,

ser solo reflejo caído:

tan prescindible, tan pequeño, tan roto, tan vacío, tan feo, tan deshilachado, tan ya lo haré otro día en el que nada me moleste,

tan poco yo.

si hago lo que hago para mí y no me encuentro allí,

¿qué hago y por qué lo hago y por quién lo hago y dónde estoy?

solo sé que las calles son pasaje del terror,

que es lo que tiene el paso del tiempo,

que me niego a pulsar esa tecla,

que esto es minúscula, como yo.

tanto la quería

que de las grietas podría hablar otros diecinueve días.

 

Despedida

Te hubiese querido en mi vida y de por vida,

tú a mí, como mucho, tal vez,

en tus ratos de silencio.

Pie sobre pie y calzado manchado,

corteza inutilizable,

es todo lo que tengo bajo este cielo

que en realidad murió hace miles de años.

Escribo a contrarreloj,

pero jamás he entendido cómo se puede sentir de la misma manera.

Ahora siento que a ratos se aplaza el tiempo,

que hablamos de realidades paralelas

y mi realidad está estancada en la forma que me mirabas

y la tuya en la forma en que me alejé.

Me sigues doliendo

y sigue sin importarte,

aunque a ratos, muy de vez en cuando,

sepas fingir lo contrario con esa expresión de

volver a desmontarme la vida.

 

Es  casi domingo.

No has venido a buscarme.

No esperaba que lo hicieras

pero quizás sí que me hablases

de por qué no lo has hecho.

Fenómenos

Hay testigos de que el mundo se detuvo y los polos se desimantaron y los enchufes arrasaron entre cortocircuitos y las tormentas se apagaron por instantes y los males se extinguieron y la vida invirtió su sentido y el reloj redundó en sus desvaríos  y el agua fue vino porque Dios existía 

por un simple cruce de miradas.

Pero yo no lo recuerdo

y tú,

tú puedes seguir engañándote todo lo que quieras.

 

IMG_20200522_083801

Todo lo que no dije en un tweet

Tengo entre las uñas
esta necesidad de rascar los acontecimientos
y las manos atadas y enrejadas
por no hacerlo.
Exceso de palabras,
ausencia de palabras,
falta de explicaciones,
qué más da.
En un universo paralelo,
deberíamos estar hablando de reinventar
el universo,
y ahora solo busco la manera
de reinventarme a mí.
En el mundo real,
quiero que esta herida comience su proceso,
pero sé que la desinfección es necesaria
porque he bailado mucho tiempo con cristales
y han bailado mucho tiempo en mis silencios
y mis trozos
y me agota.
Mi dolor es solo mío.
Mi dolor nunca pesa lo suficiente
como para siquiera despertar tu indiferencia.
Me muerdo la lengua,
me enveneno por no estallarme
y escupirme en cada “te lo dije” que me dije y me dijeron.
Siempre la última,
siempre a medias,
siempre la que arranca el freno
de cuajo.
Igual que jamás supimos más allá
del electrocircuito,
nunca
llegarás
a leer
estas letras.

 

 

IMG_20200422_150835

El rincón de los regalos

Sé dónde guardaban los regalos

aunque nunca dije nada;

al fondo, entre caja y ropa,

allí donde últimamente solo encontraba vacío.

Pero tengo las entrañas revueltas desde

que pulsaste ese botón de enviar,

y me he asomado ya sin miedo

al precipicio

y lo he encontrado todo.

Me he topado con los versos de Neruda;

con estas ganas, rotas, pero, a fin de cuentas, estas ganas;

con el miedo a perder espacios en el pecho y a volver a desmontarme

solo para verme en piezas rotas  y que sea en balde.

Con el recuerdo de quien hoy ni me saluda;

con el listado de mis horas de desvelo;

con profecías autocumplidas;

con la química fallida;

con una cifra borrada, diría que por orgullo, pero ahora lo escupo más que tragarlo, por amargo. 

Me he asomado al rincón donde escondían los regalos

y he encontrado

esa vieja percepción de seguir siendo decepción andante, inevitable y permanente

para el mundo y,

aun así,

he abrazado las ganas de no dejar
de mirarme al espejo

y saberme decepción andante, inevitable y permanente

con una sonrisa puesta

y una dosis de amor propio que lucho día a día

por inyectarme directamente en la vena.

 

3 de mayo

El olor a la humedad

también es el de la infancia,

ciega a los errores,

limpia de autoengaño,

vacía de manchas indemnes.

El olor a humedad hace desaparecer

el olor a pérdida.

 

Abro la manguera y dejo que fluya,

me empapo de fecha cero,

me evado del verano y

de los números pares.

 

Cuando regreso a mi vida,

la vida ajena a la nuestra

me resulta indiferente:

el dolor ocular es apenas un recuerdo

cuando lo recubro con la piel de los ojos.

Cuando vuelva a abrir los párpados,

quedarán asaltos y menos compañía.

Conozco demasiado esta guerra,

este dolor desconectado y,

aún uniéndome con él

como lo haría al enemigo,

la humedad es solo una distracción errante

que nunca conseguirá salvarme de las despedidas.

Cambios

Cambiar por cambiar no significa crecer.

Hacen falta luz solar,

espacio en que depositar el dióxido que limpias,

varios pedazos de universo,

paciencia y un par de distracciones.

Las partículas me bailan e ironizan;

me he autoflagelado intentando espantarlas;

la persona que me puso el látigo en la mano

me ha culpado por tener un látigo.

Para que deje de escocer  hay que limpiar la herida;

para limpiar la herida hay que dejar de revolverse en el barro

y extirpar la tierra de los bordes.

Para limpiar la herida tiene que existir herida.

Lo contrario sería un vestigio de profecía autocumplida,

una ironía como esta:

el primer día blanco ha sido el más oscuro

y espero que mañana sea el primer día blanco de verdad,

y que sea tan blanco que me ciegue

y que esa ceguera me acabe haciendo ver a oscuras

o, si acaso, ver en la oscuridad.

Debería concentrarme en lo único que sé

y dejar de fingir que solo sé que no sé nada.

Encender la pantalla,

dejar pasar las horas.

Cambiar por cambiar no significa

creer

en el cambio.