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Reuniones en tablas,

soledad en tablas,

pies en tablas.

Nunca conozco las reglas del juego.

Todas las tristezas establecidas con la marca en su botella

han borrado mi nombre

y aún así me pertenecen.

No sé si perderme en la poesía o ahogarme en ella,

si hablar, si callar, si desatarme las manos,

si dejar que los instintos manden sobre la espina dorsal,

si romper a llorar,

si romper el suelo,

si romperme.

La soledad no es voluntaria si no quieres que abrace

cada uno de tus recodos.

Hoy no encuentro ni mis propios pedazos.

 

Te alejas mientras intento responder

a todas esas dudas escarpiadas que no me pertenecen

sin escudo:

la avalancha abolla cada uno de mis huesos

gramo a gramo.

 

Necesito respirar.

Necesito gritar.

Necesito

ser

alguien.