Sinfonía en dos planos

Ayer me hubiese desgarrado el pecho y la garganta

de no ser por la presión de las escamas

que ya alcanzaban a arañar la dermis.

Sobre mí planeaba la suela de un gigante

y no pensaba en sobrevivir siquiera,

sino en agarrarme a ella

por reducir mis opciones al cara o cruz.

O la presión terminaba de sepultarme

o me llevaría más alto que nunca.

 

Hoy no te digo que te quiero

porque soy Neptuno,

y arranco la noche para que ondee a mi espalda,

y los trofeos pesan menos

y las retinas me queman al poner la vista al frente.

Ya no hay niebla

y no te quiero  camino,

sino compañía,

y yo ying, yang, blanco, negro, día, noche,

excusa

y la moneda que lancé

para que formase parte de este puzle

queda de canto.
Ya no hay opción de hundimiento.

Solo queda la gloria.

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