Definiciones a base de verbo

Eres
los equilibrios viscerales si estás lejos,
cada viaje cósmico entre tus lunares,
mis pupilas acertando en tus costillas.
Eres
el deseo de arroparte con un verbo.
Yo soy
pentagramas deletreados cuando me hablas de la vida.
Somos fusión.
De los puntos que pisamos,
de las pieles si se rozan,
del agua si me la bailas.
Nunca nuestra
(yo te quiero sin complejos,
con cicatriz y botones).
Esto es una autopista con vía libre para ser felices.
Por fin eres.
Por fin soy.
Por fin somos.
No sé qué si no es en verso, pero somos.
Y no quiero abrir más puertas para no dejar de ser.

Libre

No consigo recordar por qué te odiaba.
No es por ti
ni es por tus poses fingidas;
no es por tu rostro
ni es por tu voz a ratos ahogadas;
es simplemente que el tiempo se ha armado a base de brochas y verdades
y ha ido cubriendo lo que quedaba de ti
(puñaladas incluidas).
Vuelvo a tener la espalda recompuesta,
los labios llenos de ganas
y la vida repleta de besos.
Sólo tú reflejo es un síntoma de ausencia,
apenas una sombra cuyo nombre no regresa.
Y menos mal.
No consigo olvidar por qué te odiaba,
pero tampoco recuerdo por qué te quise.
Hay quien cree que el límite está en el rechazo.
Yo ahora sé que está en la indiferencia.

Paradoja de un disparo en perspectiva

Tanto tiempo pensando que el fallo era de la vida,

que no me había dotado de buena puntería

sólo por mantener mis manos limpias de remordimientos.

Yo pensando “vaya tontería, prefiero ser feliz con las manos cubiertas de sangre”.

Pero no.

Resulta que el disparo fue perfecto y acertó en el objetivo:

lo único que hizo la vida fue protegerme del retroceso.

Y menos mal que me supo querer.

Y menos mal que al final me quiso tan bien.

Kilómetro 0

Eres puño, carne y cañón;
la barricada de cartón camuflada entre kilos de hierro;
el cordero escondido bajo la piel de león.
Eres Ícaro a la inversa,
no consciente de sus alas y temeroso del sol;
el sonido del agua cuando no queda qué contar;
eres quien aguarda a que el tiempo decida
y, en la espera,
trata de arrancar sus manecillas al reloj.
Eres la sombra de la sombra de la sombra
e ignoras que cuando temes a la oscuridad
en realidad sólo huyes de ti.
Por dentro eres todo lo que siempre criticaste;
por fuera eres la nada que nunca quisiste ser.
Eres.
Eres.
Eres.
Eres la inocencia revelándose contra todos sus defectos trazados en otras bocas
aun cuando en labios propios sonaban a credo.
Y yo soy la voz en tu mente que te hace recordar:
hay vida tras la barricada;
hay alma tras el león;
hay margen de vuelo en la caída;
hay transparencia en el agua;
hay encanto en el tiempo detenido;
hay tinieblas que reconfortan;
se ha colado un poco de ti en el espejo.
No creas en todo lo que lees.
No creas en todo lo que escuches.
No creas en todo lo que veas.

Más allá de los sentidos están los sentimientos.
Y al final del camino sólo estás tú.

Señal sonora

Hay quien piensa que algún día

la presión me hará ceder

y acabará por aplastar estas ganas:

yo mientras tanto callo,

pero para no otorgar mato el tiempo hiriendo de gravedad tus mentiras,

alcanzando el complejo de titán

que sujeta este universo en lugar de limpiar su mierda

creyendo que es la forma de evitar males mayores.

Lo que ha unido una sospecha,

que no lo separe la ausencia de magia.

Lo que ha nacido bajo manga,

que no suba sobre la mesa.

Estoy cansada de ser el pez muerto y flotante

que se deja arrastrar por la corriente.

Estoy

harta

de

morir.

Aunque sea en burbujas quiero seguir respirando:

ya he escogido un hogar en el fondo,

y esta vez hay personas no aptas  para entrar.

Me niego a que nadie ensucie con su mirada torcida

todo aquello que ella guarda bajo la falda

 

(que a ratos guía mis manos

y, a otros, al corazón).