Y afuera seguía calando

Sé que el invierno está siendo crudo,

que nos abraza y nos evade de la risa,

que suma un kilómetro y resta un pellizco de tu aroma

a cada día que pasa.

 

Pero también sé que yo

 

-perdida ya en la cuenta de los rumbos que desvié mientras te buscaba,

demasiado cerca como para ver el puzle completo,

tropezando escalón a escalón sin saber que llegar a lo más alto no siempre es estar arriba,

rodeándome de interrogantes ignorando que a veces la respuesta es que no hay respuesta-

 

he vuelto a deshacer las maletas en un rincón de tu pecho que ahora siento como propio

y, por fin, he comprendido

que es hora de dejar de temblar.

 

Sé que el invierno está siendo largo,

pero te miro a los ojos

y sólo pienso en hacer florecer primaveras en tu vientre.

Moralismos de la infancia

Bailan las sílabas con las certezas
porque dicen que no quieren pensar en ti.
Eso sería admitir que hay un nosotras,
crear un microcosmos entre las circunstancias y los porqués
y quedarme a vivir en ese sueño
en el que apenas he tenido tiempo de comenzar a creer.
Quizás esté cansada de las mudanzas exprés,
pero también lo estoy del autoengaño y el mutismo
y éstos hunden bajo tierra la balanza.
Calibro, disparo y lo admito:
sólo quiero hablar
de lo que miento por ti,
de lo que muerdo por ti,
de lo que siento por ti.

Alguien escribió algún día que hay por lo que merece la pena morir, pero nunca por lo que merezca la pena matar.
Lo creí hasta que rompiste mi zona de confort como causa
y, en consecuencia,

ahora vivo armada hasta los dientes.

Noctis

El corazón en tormenta
y la noche en calma.
Suelo salvarme a mí misma
Pero a ratos tiendo a fallar.
Así que sujétame

porsi me flaquean las fuerzas.

Sujétate

para no faltarme tú.
Sigo sin entender el porqué de estas palabras,
si acaso intento deshacer este nudo
o quizás sigo esperando a que lo muerdas.
Hablé tanto en caliente
que hace tiempo me quemé al morderme la lengua,
así que ya sólo como en frío,
y no hablo de venganza:
me conformo con tus manos.
Sólo sé que no quiero que dejes de mirarme.
Sólo sé que ya te echo de menos,
y eso que aún no has decidido marcharte.

La habitación vacía

Voy a dejar abierta la ventana
para que el viento arranque de mis fauces cada segundo
que he ido atesorando,
pensando que es real lo del tiempo y el oro.
Ojalá seguir dejando que vuele y no duela,
que huya y no halle
la forma de regresar
cuando lo acariciemos si rozamos nuestros labios.
Quiero regalarte un cuarto luminoso, limpio de recuerdos y totalmente vacío,
para que seas tú quien tatúe sus iniciales,
y desgaste el silencio con gemidos
e impregne sus paredes con la promesa
de seguir haciéndome temblar incluso si decidimos coexistir cada agosto en nuestro sur.
Y que estés sólo tú entre esas cuatro paredes
para inventar una nueva forma de mirar para mirarte
sólo porque las existentes
no son suficiente.
Y dejar la ventana siempre sin cerrar.
Por si quieres huir,
pero también

por si te quieres quedar.

La humana y el león

Sólo cambiaría de ti aquello que no es efímero
para conservar intacto el sentido de cada palpitación
si detenemos todo en el segundo exacto
(todo excepto el tiempo.)
Sólo cambiaría de ti lo no perdurable,
y
ya sabes:
las pieles se oxidan al contacto del tiempo;
los olores desaparecen bajo nuevas huellas;
las pupilas se desvían a cada golpe de viento;
los labios mudan y desvisten nuevos besos;
los recuerdos se ocultan bajo trincheras de olvido;
las metas se transforman cuando dejan de ser las alas de ayer y se transforman en el estómago vacío del mañana.

Sólo cambiaría de ti aquello que no permanece,

pero no intentes escapar de esa certeza.

Sólo cambiaría de ti aquello que no permanece

porque sé que al final
siempre,

me quedaría contigo.