Día cuatro sin ti

He pasado más de mil horas muertas tratando de entender por qué si creía ser una, entera y orgullosa (incluso sin ti) siento estos pedazos que sostengo entre los dedos

tan pesados

y

tan reales.

Hoy al despertar  me he llevado la mano al pecho por instinto, y me he atrevido a palpar mi corazón por primera vez desde que te fuiste. Lo he notado

ligero,

palpitante

e igualmente

real.

 

Y al fin lo he comprendido.

Lo que observo sin mirar no son mis trozos, sino nuestras consecuencias.

 

¿Recuerdas aquella primera vez, la conciencia de que fue más que sexo?

Tenía el pálpito de que esa noche habíamos hecho el amor;

ahora sólo tengo la certeza de que,

de tanto usarlo,

 

lo hemos acabado rompiendo.

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