En blanco

Te sigo buscando, corazón.

Te sigo buscando y no he dejado de hacerlo ni un instante,

desde que temblabas y ansiabas amor

y no podías escapar si no rimabas entre letras

y te mantenías en los márgenes

y rociabas de etiquetas tus sentimientos.

Te busco desde que eras oscuridad

y cualquier atisbo de luz suponía una cuerda a la que aferrarte,

sin comprender

que hasta la cuerda más gruesa puede romperse

si su extremo está aferrado a algo tan frágil

como lo es el cariño de otra persona.

Si antes te buscaba por ser feliz,

ahora sólo te busco por no tener miedo de no estar viva.

Pero aun así, te busco todavía.

 

Te sigo buscando, corazón, literalmente.

A ratos creo que sólo lates para herirme,

pero sigo pensando que prefiero encontrarte

a vivir a través de esa coraza

sobre la que baila la indiferencia.

 

(Qué estúpida debo sonar,

hablando de tropezar más de dos veces con la misma piedra:

no por haberme enamorado de ella,

sino por sentir un odio tan intenso que es lo único me asegura que estoy viva.)

Breve auto-redención

Tenía tantas cicatrices

que hasta me sentía llena

(de miedo, de fragmentos, de ochos quebrados y camas vacías).

Siempre llena de tu ausencia.

Vivía sin comprender que la vida es lo que pasa mientras vives,

y creía en su lugar

que la vida era el segundo que transcurre mientras alguien decide si te besa.

Hasta que alguien decidió no hacerlo.

Me cansé de puzles

y de buscar tres pies al gato al comprender

que probablemente tendría cuatro

y dos de ellos serían izquierdos.

Al menos en eso coincidíamos el felino y yo.

Ahora también le imito en el asunto de no caer nunca por el lado equivocado,

aunque me quiebre la espalda en el intento

y el grajo vuele bajo cada vez que me alejo de mi esfera

y trato de cubrir con maquillaje los desperfectos que dejaste a tu marcha.

Estoy empezando a comprender que a veces los lienzos brillan más cargados de dolor,

y quizás yo sea uno de ellos.
Uno de arte moderno,

de los que tienen el mismo sentido (ninguno) del derecho y del revés,

a tientas, a ciegas, a tontas.

Y hablando de tontas, hablemos de mí.

Creo que vuelvo a estar llena.

(de risas, de ganas, de alas que se abren y espacio en la cama).

Y de sonreír si pienso en tu ausencia.

Sobre todo de ese regalo.

Tu ausencia.

Simple

Podría bailarte el agua hasta hundirnos,

recitarte Neruda hasta cansar las palabras,

comerte la oreja hasta agotar los sonidos,

raptar por ti flores sin rescate hasta rapar al planeta,

caer a tus pies hasta quebrarme las rodillas,

besarte

sin

condiciones

hasta

desgastarnos.

Pero ese no es tu estilo

y, aunque lo fuese,

yo ya no sé cantar esa melodía.

 

Así que me limitaré a mirarte,

abriré otra cerveza,

y hablaremos de que el amor es una mierda

para luego follar con una guerra sin tregua en las pupilas.

Imparable

Arriba y abajo,

mareada entre tus curvas,

aferrada a mis líneas rectas

y entre estación y estación

acabo siempre refugiada en el abrazo del invierno.

Sin querer salir de allí.

He tentado a la suerte demasiado

como para seguir esquivando las espinas del pasado.

Pero no sufras por mí,

que hasta de ti se sale.Lo que creo que no sabes es que

cuando las montañas rusas cogemos velocidad

en la vida

no

hay

quien

nos

pare

al

bajar.

 

Pero tampoco hay quien nos frene en la subida.

El camino de regreso

Vuelve a dormir a mi lado

no es súplica, sino aceptación.
Lo admito:

las dudas me siguen acribillando a balazos,

a trozos, a ratos, a trazos, a trizas,

el pecho

y mi piel de vez en cuando chilla

no quiero ser así.

Me he cansado de ser tu coraza.

A mí a veces me gustaría confesarle que también me mata ser su contenido

que no me bastan sus centímetros

para dejar volar tantos latidos,

que quiero deshacerme de ella y dejar de ser ella

y dejar de ser yo.

Pero creo que no sabría parecer sincera

porque he olvidado incluso como llorar

y las lágrimas que antes corrían maratones en mis mejillas

últimamente se camuflan de dolor en las costillas cuando río demasiado.

Pero hoy no.

Hoy no es ese día.

Hoy ella vuelve a dormir a mi lado.

Y me abraza fuerte,

y me cubre de interrogantes,

y me recuerda quién está y quién estuvo,

quién se fue y quién no volverá.

E introduce sus dedos en mi mente para hacerme gemir su nombre

ante el estallido de placer que me arranca cada nueva palabra.

Para, susurra a gritos una parte de mí. Para, Tristeza.

Pero muy en el fondo

hay otra mitad  en mí que no quiere que se detenga.

La de siempre

Dicen que la han visto por la calle y que ya no sujetaba tu mano:

fue una ruptura en la que no pestañeaste,

sin rastros de un contacto que mancillase las nuevas huellas.

Una matanza sin sangre,

un lunes sin sueño,

un pasado sin ti.

Pero dicen  que ella sigue vagando por los bares;

vigilando los cuchillos con ojos de maniquí;

desnudando cadáveres sentimentales sin pensar que hace frío suficiente con diez capas:

incluso con diez armaduras.

Nunca supo que es la empatía

porque nadie jamás se ha sentido como ella.

La regalan en formato de bolsillo en cada ausencia,

y en tamaño enciclopedia con cada despedida;

ligera en vasos de alcohol y palabras de las que arrepentirse,

o con cien kilos que nunca parecen pesar lo suficiente;

y en forma pellizcos en el alma cuando abraza con saña.

Algunos pagan por ella,

y olvidan que mañana siempre será lunes en una cabaña en mitad de la nada;

otros pagan por su causa

y se refugian en los cuerpos que jamás serán su hogar.

Yo, en cambio, he llegado a hacerla hogar a ella.

Y debo confesar que llevo un tiempo escondiéndola tras las sábanas.

Y debo confesar que hasta le he cogido cariño

aunque no sea piedra,

sino propia elección con la que tropezar a cada paso.

Se marchará,

sé que algún día lo hará,

y puedo vivir sin ella.

Pero hoy no quiero.

Hoy es las cenizas que han quedado tras tu fuego

y quiero seguir recordando cómo ardí.

La encontraba tras tus brazos

y ahora vive entre mis costillas

justo en el hueco que debería ocupar el corazón.

 

Soledad.

Qué bonita eres

y qué puta puedes llegar a ser si decides quererme sólo estando

borracha,

desnuda,

de madrugada.

Breve historia de un destello fugaz

La primera mirada vacía de significado;

la ignorancia en el desconocimiento;

la primera conversación

-llámame idiota por ser incapaz de recordarla:

juro que la  tenía en la punta de la lengua

hasta que la perdí en tus labios al rozarlos con ella-;

los ratos a solas;

los triángulos de miradas
(sólo tú, yo y las dudas);

los laberintos de tu cabeza y los mapas de palabras;

los entresijos de mi pasado y tus mil candados por cerrarlos;

las cadenas rotas por mis ganas;

aquel último abrazo antes de que el mundo invirtiese su sentido y mis sentidos su mundo;

las confesiones de medianoche;

el temblor en el alma ante la idea del reencuentro;

el redescubrimiento de unas calles que creía en blanco y negro;

el  primer  beso.

Las primeras escapadas con los ojos aún cerrados;

las dudas
(siempre, siempre las malditas dudas);

el regreso de aquel antiguo rey al que volviste república en mi mente

sólo con mirarme;

el no me volveré a enamorar que tuve que tragar, digerir

e incluso disfrutar cada vez que lo que creía ser hambre no eran mariposas,

sino millones de hormigas

(nunca supe crear algo más bonito);

la calma, la rutina, la primera pelea;

la primera reconciliación.

El primer descubrimiento de tu cuerpo;

tu sexo bailando en mis entrañas en el día y mi memoria por las noches.

La segunda pelea;

los paraísos artificiales de tus pestañas.

El te lo perdono todo, pero no quieras marcharte;

el futuro entre las manos y la vida por delante;

la necesidad de ti.

Sólo de ti.

La distancia entre los cuerpos y la tortura en la mente.

Tu ausencia.

De golpe, tu ausencia.
Nuestro espacio rellenado por unos nuevos labios que nunca supieron besar como los tuyos

y, aún así,

criaron más nidos de hormigas en mi estómago.

Las montañas rusas en las que sentía tanto miedo;

arriba, abajo, abajo, arriba de nuevo y, de golpe,

el suelo.

 

Hoy he pensado en ti y me he dado cuenta:

fuimos nada  a cambio de todo.

Y tanto para nada.

(Por decirlo de algún modo:

la vuelta a las miradas vacías de significado, a desconocernos, a los triángulos amorosos con la soledad y ausencia de calma, los laberintos de tu vida, tú siendo otro fragmento del pasado, el último abrazo, las legañas en los ojos de tanto tenerlos cerrados, la anarquía sentimental, las nuevas falsas promesas a mí misma, la ru(t)ina, el insecticida, tu rostro tornándose borrón en mi memoria)

Tres primeras letras en la pantalla por última vez:

Fin.