Caída libre

Vivo y sólo me aferro a mis vuelos,
y me siento libre
y sé que nada es eterno.
Menos aún, lo bueno.
Respiro con miedo a sentir miedo,
con la constante pregunta de si seré la siguiente.
Afronto los lazos como el que enfrenta a la muerte.
Y quién sabe,
si Cupido tiende a disparar
a ciegas, sordas, tontas, a mudas
y, en resumen, sin sentidos.
También sin el común.
Disfruto viendo pasar el tiempo,
buscando pieles de oveja para camuflar al lobo.
Me disfrazo de algodón
y dentro escondo el anzuelo:
saco el cebo del cerebro
y la sonrisa
que no merecen las cosas en que se piensa profundo.
Como, saco los dientes, muerdo, me deshago de los restos.
Yo misma soy sobras.
Pero al menos tengo alas.
Y este trozo deconstruido aún disfruta las emociones.
Estoy tan alto que no existe la gravedad.
Y si aparece,
como piensas que lo hará ,
si caigo por el peso de mis falsos pecados,
al menos tendré algo en común
con mi caída:

ambas seremos libres.

30 vidas

Ellos muriendo fuera con sus negras humaredas

y a mí mientras el humo verde de esta burbuja

regalándome la vida

en tu regazo.

Que se queden con sus mierdas.

Hay cariño y a veces con eso basta.

Hay cariño y a veces todo lo demás sobra.

A ratos, lo admito:

Me quieren bien cuando me quieren libre.

Y tú eres quien mejor sabe querer.

Pues he conocido a gente tan tóxica

que ahora huelo el veneno a kilómetros.

Y qué dulce sabe ahora tu miel,

tus primeras intenciones a la cara,

tus segundas pretensiones tras la ropa.

Ahora que ya no hay humo

sólo intento matar al tiempo

acuchillándolo a caricias en tu piel.

Exprimo cada segundo

hasta haberle sacado todo el jugo.

Me lo bebo.

Te bebo.

Ni una gota queda.

Igual que a ti no te quedará una sola palabra.

Pero no las necesito:

cuéntale tu nanas a quien no tenga memoria.

A mí me basta con los recuerdos.

Un perfil en las penumbras,

un escalofrío en la espalda

y he perdido toda capacidad de decisión en tus labios.

Me pierdo en tus vaivenes,

en tus idas y venidas,

estallo contra tu vientre y

disfruto del accidente

contra tu boca sincera y las vibraciones dulces.

No es sólo por el alcohol,

casi me juras.

Y disfruto la ironía de que tu boca hable sobre maldad.

 

Dijiste que con 30 minutos bastaba para hacer maravillas.

A mí, 

bastarme,

contigo, 

ni 30 vidas.

 

_MG_5300.jpg

Alas en el alma

Quiero cometer una locura.

una bonita locura

de las que rompan los himnos,

de las que roban el hipo y devuelven la calma.

De las que transforman el lunes de oficina en sábado a tu lado,

midiendo el paso del tiempo sólo en las veces que respiras.

 

(Y respiras.)

 

Quiero cometer una locura.

Una locura

de las que todo lo curan.

y atrapan, no desgastan, y ensayas en tu mente mil veces

hasta desear que ese número final sea sólo el principio.

Cualquier locura.

Probarte, comerte, cometerte, rozarte, hacerte arte

en la pared, en el suelo, en un colchón,

 

en

mi

mente.

 

Pecar de inocente,

sin presunción de inocencia,

pecar en tus sueños y no arrepentirme siquiera

siendo ya cenizas en el Averno.

 

Voy a cometer una locura.

Cualquier locura.

Plantarme en tu puerta,

robarte un beso,

dártelo de vuelta.

Minuteros congelados

Parecía tan feliz que aún hoy no puedo dejar de mirarla.

Incluso detenida en el tiempo

y yo inmóvil en su cuerpo

Ojalá algo fuese eterno.

Ojalá el tiempo hubiese demostrado

que él tampoco

se atrevió

a rozarte.

Ojalá no se atreva,

no la rocen las canas ni el sol ni las arrugas ni las falsas decadencias.

Ojalá no me baile,

 

al menos por dentro.

 

Yo tampoco quise amarla,

tan perfecta como era.

Y siempre pedía permiso

justo antes de besarla.

Me negaba a estropearlo.

No quería estropearla. 

 

Y ella no se limitaba a parecer bonita:

también lo era,

incluso habiendo perdido los cimientos

por unos falsos huesos que jamás merecieron ni una de sus caricias.

 

Los míos.

 

Y ojalá.

Ojalá no sólo parezca feliz.

Ojalá también lo sea.

Aunque no sea conmigo,

y en el reloj haya quedado

con otra arena atrapada.

Detén el universo, que yo me quedo en ti

Pausar el mundo entero,

comenzar por tus caderas.
He pensado en tu sonrisa

y quizás valga la pena

hasta inventarte.

La poesía sigue sonando en mis  oídos,

tu silueta bailando como una aurora boreal,

y mis pensamientos ausentes.

Dime dónde están.

Dime dónde estás.

Donde estás si ni siquiera te conozco,

si te sigo escribiendo más dormida que despierta

y continúo soñándote más despierta que dormida.

Dónde estás si ni siquiera te conozco

y ya hemos rayado en mi cabeza la mejor banda sonora

que jamás haya escuchado.

Y te repites,

y me repito

y nos quiero repetir.

Ni siquiera te conozco.
Pero pon el mundo en pausa.

Yo me quedo en tus caderas.

_MG_4899.JPG

Troya

Hoy he vuelto a recordarla

y recordado

que no recordé olvidarla.

Igual que recuerdo cada truco de magia:

quizás ella siempre estuvo hecha de magia sin trucos

y no fuese obra maestra solamente en mi cabeza.

Vestía el pecho de sed y los ojos de luto

-incluso habiendo ganado

derrota

a

derrota-;

y escondía tras las mangas cada beso

por si acaso yo descubría mis suspiros.

Escribía porque no sabía llorar;

hablaba porque no quería romperse

y yo,

que nunca imaginé que una historia tan triste

pudiese sonar a música balanceándose en sus labios

acepté siempre bailar al compás de sus gemidos.

Tal vez hasta los pisara:

a día de hoy no lo sé.

Nunca se me dio bien bailar

con dos pies izquierdo para no dar una a diestras,

tres cabezas para pensar el triple

y cincuenta pupilas para clavarlas en sus detalles.

Como el lobo masoquista que aunque muriese de hambre

nunca quiso hincarle el diente por no ahondarle con sus marcas:

qué duro intentar temblar queriendo arder a su lado.

 

Y cuando vuelva a recordarla cara a cara,

cuando vuelva a recordar

que no recordé olvidarla,

no podré evitar que sus dedos me consuman.

Ella brillará más que nunca

y en su vientre ya no habrá mariposas:

hasta a ellas el fuego las habrá consumido.

Quizás me bese,

-aunque sea en mis sueños-,

y con apenas rozarme

otra vez la llama se habrá propagado.

 

Volveré a recordarla cara a cara,

Volveré a recordar

Que no recuerdo olvidarla.

La recordaré a ella.

 

La recordaré
y arderá mi Troya esa noche.

 

Arderá Troya esa noche,

y yo arderé con ella.

 

 

troya

Ilustración de @pablo_dinosaur