Tu nombre en la bala y yo tan masoquista

Nos gusta la bala hasta que tenerla dentro empieza a escocer.

 

Y así nos va,

enamorados de la herida pero no del dolor.

Y así nos va,

sintiendo pánico hasta del roce.

Y así nos va,

odiando nuestra burbuja e incapaces de romperla.

Y así nos va,

sintiendo sentir que sentimos lo que otros no sienten.

Y así nos va,

viviendo por nada y muriendo por todo.

 

Así nos va.

 

Sólo piensa qué prefieres:

si arriesgar o tener miedo.

Y si odias las victorias,

 

dime qué haces apretando el gatillo.

 

 

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Redundancia en los zapatos

Mareos o náuseas,
qué más da si con ambos escupo
la misma cantidad de sentimientos por minuto
al mismo ritmo.
Sobre mis mismos pasos.
Topo con mis errores cara a cara y sólo veo espejos
y ese laberinto
en que ni sé dónde quedo yo más allá de mis complejos.
Hoy redención se escribe en mayúsculas
y a menudo
hasta dibuja tatuajes de tinta invisible bajo la piel.
Y el miedo vuelve a disfrazarse con máscara de cisne negro.

Pero ya no hay vértigo.

Es sólo que
creí haber encontrado el punto de equilibrio
y resultó
que lo que había entre sus ojos
era sólo el sitio exacto en que empezaba

la

caída

libre.

Terciopelo

Ésta será la última vez que nos crucemos las miradas.

Y dirás que me amas

(bueno, más bien que me amabas);

que te escondes tras espejos;

que te engañas;

que te duelo;

que era un espejismo aquello del para nunca

y que ahora

siempre significa nada.

Te debo más de una disculpa:

tú las darás por cobradas.

Y me dirás que he cambiado mientras faltas a tu paabra.

Saber o no saber, esa es realmente la cuestión,

y entre la incertidumbre,

te quiero feliz aun no siendo yo quien rellene los huecos de tu cama.

 

Esta la última  vez que nos cruzamos las miradas

y qué sorpresa,

hay tanta suavidad que no entiendo cómo duele aun más

que nuestras mil cuchilladas.

Te marchas en silencio,

yo me quedo entre alaridos acallados por el frío cotidiano,

por la rutina,

por otros gritos internos.

Dónde se han quedado los reproches.

La pena se ha marchado y sólo queda la tristeza;

el aire se ha esfumado y sólo existe tu ausencia.

Pero

sé feliz,

tú que lo tienes tan fácil por no tener que estar sin ti.

Eslo que estábamos buscando.

Qué milagro esta despedida,

tan tierna, tan etérea,

cuando tú y yo siempre fuimos de vestirnos con el rencor más pesado.

(Y aun así, no nos hundimos.)

 

Aquella fue la última vez que nos cruzamos las miradas.

Y no sé por qué,

aun así,

todavía siento el alma de punta

si te pienso.

Remember, remember

Huele a revolución incluso tu obediencia;

suena a poesía hasta el chasqueo de tus labios;

no hay hogar y quién lo quiere si ni tiemblo en tu presencia

pero y qué.

Me he quedado estancada en mis propias debilidades

porque los pasos a mi espalda comenzaban a estrecharse.

Yo a estrellarme.

El frío nunca pudo conmigo,

hoy menos todavía,

ardes, arde el mundo y yo ni quiero que te acerques

aunque se haya congelado ya cada vía,

cada forma,

cada exceso.

No hay vuelta atrás ni camino adelante,

pero el mundo es de los valientes y de los que tienen hambre.

Así que voy a morderlo y

a preguntarle si escuecen mis marcas,

y tal vez limpie el dolor que su blanca piel abarca.

Como hice contigo.

Cómo hacerlo sin ti.

 

Me basto y me sobro este 5 de noviembre.

Y la vuelta me la daré en mi regreso,

sin romper los besos,

sin quebrar los huesos,

 

conmigo,

sin ti.