Prioridades

Debajo de las piedras,

sobrevolando barrancos,

nadando entre los charcos,

en duchas de agua fría

o al fondo de un vaso de ron (siempre entre hielo y hielo, jugando al frío o caliente).

Extasiada, extenuada, apática, dramática, rara;

bailando semidesnuda,

abrigada en mis corazas,

desvistiendo el corazón.

Sin razones, con razón.

Huyendo del tira-afloja,

desenterrando imanes siempre por el polo opuesto,

perdiendo el sur en el norte,

con y sin ganas de verte.

Entre fantasmas.
Sin ellos.

 

Te busqué tanto que me fallaban las fuerzas, las ganas, la paciencia.

Te busqué tanto que me fallé hasta yo.

Y sólo topé  con una verdad:

no necesito encontrarte hasta encontrarme antes a mí.

Adicciones

Vamos a huir de los fantasmas:

tú abre esa botella de vino,

que a ratos pienso que el alcohol me da alas

y me apetece volar más rápido.

O quizás sea tu cercanía la que enciende el positivo en los controles:

me he dopado, sí, lo admito;

me he dopado con tu olor y el sonido de tu risa y con tu brisa y con tu tacto,

me he embriagado con algo que no se inyecta, no se fuma ni se esnifa

y aún así

me mantiene más  despierta que diez mil chutes de speed.

Esconderé  mi peso en tu vientre,

mis cargas,

y nadie sabrá nada de esta nada que hay que saber,

ni siquiera tú,

porque  no somos más que un sueño que se balancea en mi cabeza

cada vez que me miras.

Y a pesar del vértigo, aún quiero que lo hagas.

 

Quizás sea incapaz de dar explicaciones,

pero me temo que en eso consiste sentir.

En esconder cada noche bajo pretextos la necesidad de verte

y desnudar cada día la certeza de poder vivir sin ti.

La culpa nunca fue tuya

El problema contigo y las cursiladas,

con las venas inyectadas en miel y saliva;

con las pupilas puestas en ti para verte reír;

con tender la mano por si quieres agarrarme el brazo

(e incluso sacarme a bailar:

incluso sin ritmo,

incluso sin alcohol,

incluso sin música)

es que tú siempre fuiste más de salado.

 

Miento.

Perdón.

Rectifico.

 

El verdadero problema son mis ganas,

que aún no han aprendido a conjugarse con tu a ratos indiferencia

ni a interpretarte

entre indirecta e indirecta.

Acabado en A

Porque soy.

Más que hija, hermana, quizás futura madre, o abuela, o bisabuela o…

(así continúa la trama tradicional de títulos asociada  a un vientre hinchado y un deber impuesto).

Soy más que los caminos que han trazado con sus auras de poder,

soy más que las cadenas con pesadas etiquetas según mis actos.

Soy más que el doble de esfuerzo y talento y la mitad de resultado.

No soy un producto de sus puestos

ni mis alas un producto de mi mente,

ni yo su producto.

Que se queden con su entrada gratis en la discoteca,

con sus imposiciones de poder disfrazadas de piropos,

con el traje con que cubren los derechos de concesiones,

con sus paternalismos si cada vez que hablo de nosotras quienes se ofenden son ellos.

Que se queden con sus ridículos argumentos teñidos de desinformación

y me dejen a mí el papel de ser yo.

Que se queden con todo eso,

pero no con mi vida y menos con mis decisiones.

 

No soy más que yo.

No soy más que ellos.

Parece que no se enteran,

que el miedo a perder lo que los genes les dio

nubla a veces el sentido común:

no te creo inferior, pero comprende

que (a pesar de que en mi caso la suerte sonría a medias tintas) ahí fuera nos siguen matando.

Parece que no comprenden que

no soy más que una mujer.
Pero una mujer no es menos.

El baile de mi bandera blanca

Me rindo.
Ante tus ojos brillantes de orgullo;
ante tu risa a ratos descontrolada;
ante tu ausencia absoluta de poesía;
ante tu lógica aplastante de la magia;
ante tu estómago hambriento y no de mariposas;
ante tus cinco lenguajes, uno de ellos sin palabras.
Me rindo ante tus miradas,
ante la intersección de nuestras ganas,
ante ese beso que nunca nos dimos,
ése que nunca acabó con gemidos en mi cama.
Yo pierdo.
Tú ganas.

Postro las armas,
me rindo ante tus encantos ,
me quito el sombrero
y le sigue el resto de la ropa.

Ya he perdido esta batalla :
sólo falta que te des cuenta,
y decidas celebrar conmigo esta derrota.