Viajes espaciales

Dirán que hubo música y voces coreando y cuerpos en movimiento;

dirán que hubo alcohol y luces parpadeantes y ganas de vivir.

Yo responderé que quizás lo hubo, pero yo ni lo vi.

Confesaré haber disfrutado más de lo que no pagué.

Y sólo sabré hablar de tus susurros y tu voz y tu cintura;

sólo sabré hablar de tu saliva y tus ojos y mis ganas de vivirte.

Tan grande que es el mundo y tú su única habitante,

un cruce de miradas el único requisito para cerrar los poros,

el amor hecho sin tocarnos.

 

Mi cabeza es un caos desde que llegaste,

y no tengo intención de ordenarla porque ni sé ni quiero evitar

que tus vientos despeinen mi vida entera.

Pero supongo que en realidad es bastante sencillo.

Me calzaste con los pies de una astronauta

y logré dar cuatro pasos en apenas unas horas

(a pesar de movernos tan lento por el espacio, contigo sólo quiero acelerar).

 

El primero de ellos fue con la ropa puesta.

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Aunque sólo estando ebria te llame por tu nombre

Mi amor,
te juro que contigo intento no usar esa palabra a golpe de viento,
pero anoche el alcohol inyectó plomo en mis venas
y hoy desperté intoxicada de tu ausencia,
ahogada en los maremotos que me nacen en el pecho
cada vez que lo sacude un nuevo latido y es por ti.
Mi amor,
te juro que nada ha sido en vano,
que cada paso hacia atrás significó que estábamos a un paso menos para seguir avanzando,
que cada tropiezo supuso estar una caída más cerca de este acierto
(de un nosotras,
del “puedo estar sólo conmigo pero prefiero no verme sin ti”.)
Pero, por si no te basta con palabras,
si aun a ratos te preguntas si esas heridas merecieron la pena,
pienso besar cada una de tus cicatrices
hasta que incluso el dolor que esconden
salga de su crisálida y se transmute en placer.
Mi amor,
te juro que podría llenarme los pulmones de tanta ternura,
perder la última de mis vidas,
vender mi alma al diablo a cambio del tacto de tus dedos martilleando mi vientre,
saltar sin paracaídas
(quizás sea tarde para pensarlo dos veces,
el paso ya lo dimos más de una),
y tal vez confundir a quien encuentre mi cadáver,
y hacer que cada noche que siga respirando

su cabeza se pregunte las razones

porlas que en mi rostro inerte había dibujada una sonrisa.

Tiempo

A ratos

me abraza el pánico en la conciencia de que el reloj enreda sus piernas entre las nuestras

y nos adelanta porque los tres sabemos que esta competición sólo puede ganarse a base de volar,

y mientras que tú y yo no entendemos más que de templar mis pies helados en noches ardientes

 

Él ya ha abierto sus alas.

 

Cuando me doy cuenta de que con ellas sólo nos acaricia,

el miedo siempre decide marcharse.

Y, por favor, quédate

Abandoné el paracaídas junto a la esperanza de encontrarte

para que me sujetases el corazón con tanta fuerza como para convertirlo el polvo

y, a pesar de eso,

prefirieses conservarlo intacto.

Abandoné el paracaídas y,

justo después,

me precipité en tus abismos.

Menos mal que dejé el miedo atrás.

 

Si aún tuviese miedo a los golpes, no sabría lo que es volar.

Allí donde descansan nuestros restos es donde ella me ha hecho renacer

Topo cada noche con un cementerio
de promesas incumplidas,
de ilusiones a medias,
de futuros que no fueron.
Acá (en sus labios) descansan para siempre
los restos del espejismo que fui contigo,
aquí (en mi pecho) se van descomponiendo
los latidos que algún día tuvieron tu nombre,
allí (en tu cabeza) suplican por aliento
los recuerdos de los besos a portadora equivocada.
No los quiero de vuelta,
para serte sincera,
porque los tuyos sólo eran telarañas
y los que a ella le fabrico saben a octubre, a miel y a eternidad.
Ya que el instinto me lleva a afilar los cuchillos
por si debo robar alguna vida por verla sonreír
he descubierto también por intuición
que soy como una niña que dejó de llorar por sus errores
y estrena la oportunidad de ser feliz.
Ahora topo cada noche con un nuevo cementerio
y está lleno de violetas de colores
y de ganas de sentir escapando de sus tumbas
y de ella y de mí riéndonos de la muerte,
y cada noche encuentro ese cúmulo de vida
o tal vez es él el que me encuentra a mí.
Si algún día lo supe,
hoy ya no me acuerdo.
O quizás, simplemente me dé igual.

Plan alternativo por si algún día no nos queda ni la poesía

Cuando mueran estas ganas casi ociosas de besarte,
y mis dedos conozcan de memoria tu cuerpo;
cuando ya no te acunen mis susurros
y la ira te azote sin el escudo de mi voz parando el golpe;
cuando mi cabeza banalice hasta tus miedos
y al escuchar qué te aterra sienta que  el tedio nunca cambia;
cuando no sueñe contigo por dormir a tu vera
y tu abrazo sea costumbre, tradición e incluso rito;
cuando al fin comprenda que,
al igual que ciertas cosas en la vida,
el corazón dando un vuelco si me hablas sólo pasa una vez
y
no
volverá

desviaremos cada uno de nuestros ríos,
nos bajaremos del tren incluso en marcha,
alzaremos la vista y el vuelo y las ganas
y sin hacer maletas nos marcharemos muy lejos,

allá donde la rutina no pueda darnos alcance.